viernes, 25 de septiembre de 2009

Evangelio del Domingo 27/09/2009

Estimados amigos y amigas: nos aproximamos a un relato que nos da para pensar... el lugar de la cruz. Esto nos lleva a reflexionar ¿quién no ha sufrido alguna vez? ¿por qué el sufrimiento?. Les invito a releer esta lectura del evangelio para meditar-orar desde sus palabras aquello que la inspira en su mensaje.

DESDE LA CRUZ.
El dolor en todas sus formas, un problema, un fracaso, la muerte de un ser querido, dejan al descubierto nuestras fragilidades. Pero también nos permiten dar lo mejor de nosotros a quien sufre. El sufrimiento asumido desde la solidaridad, siempre es una experiencia de crecimiento por más grave que sea la situación. Cuando somos solidarios no solo por razones humanas, sino también por una convicción de fe en la vida como un regalo de Dios, entonces crecemos en calidad de vida espiritual con un sentido que nos hace trascender hacia una vida y un amor aun más pleno. Esto es lo que nos deja como ejemplo Jesús crucificado y el grupo de personas que lo acompañaron en el calvario (Jn.19,25-27). Según el relato, Jesús al ver desde la cruz entre la gente a su madre y al discípulo Juan, dijo a su madre: “mujer, ahí tienes a tu hijo”, y luego dijo a Juan: “He aquí tu madre”. El relato concluye diciendo que desde ese momento el discípulo acogió en su casa a María la madre de Jesús. La hora de la muerte en la cruz, es la hora en que el Señor entrega su vida por amor, en favor de la vida de todos los seres humanos. Es también el momento en que la Virgen María y Juan el discípulo viven la prueba más difícil de amor y fidelidad a Dios. Unidos se sobreponen a ese momento. No siempre sucede así con nosotros. El individualismo, y el cuestionamiento de nuestros principios más profundos, a veces nos vencen en momentos de dolor extremo.
En el día de la oración por Chile, el ejemplo de María Virgen, el discípulo Juan y Jesús en la Cruz, nos interpela a revisar la actitud con que enfrentamos nuestros propios sufrimientos, y nos llama a dejar de lado nuestro individualismo y egoísmo, para dar paso a la construcción de una vida personal, familiar y social, en donde los sufrimientos personales no nos hagan olvidar los sufrimientos de los demás. Toda situación crítica marca el momento apropiado para aprender a acogernos mutuamente y compartir lo necesario para vivir. La vida humana prospera cuando desde nuestras crisis aprendemos a buscar el bienestar común en todas las instancias de convivencia que la sociedad nos da: Nuestras familias, nuestros amigos, nuestra comunidad, nuestra nación.

Fr. Miguel Angel Ríos op.





sábado, 12 de septiembre de 2009

Evangelio del Domingo 13 de septiembre

Estimados amigos y amigas: hoy estamos invitados a responder la preguntar que nos plantea el mismo Jesús: ¿Quién dice la gente que soy yo?de Mc 8,27-35.

Un día Jesús preguntó a sus discípulos:“¿Quién dice la gente que soy yo?”. Hubo variedad de respuestas. “¿Y ustedes quién dicen que soy?”, les preguntó enseguida. Pedro le dijo: “Tú eres el Cristo”, es decir, el Salvador. Pero Pedro, no tenía claro que el camino de salvación de Jesús pasaba ineludiblemente por el camino del dolor y la muerte; y por esa razón reprendió al Señor cuando este no solo habló de resucitar sino de sufrir mucho y ser condenado a muerte por los poderosos de este mundo (Mc.8,27-35). Este episodio, muestra que la masa de gente y el grupo de los discípulos conocían a Jesús sólo superficialmente. El Señor, no quiso dejar a Pedro en esa confusión y lo reprendió duramente: “Detrás de mi, Satanás, tú no piensas como Dios, sino como los hombres”. Es decir, “ponte en situación de seguirme como discípulo, o si no, quedarás en una condición de oposición al Reino de Dios”. Después de la retada, una enseñanza clara: Mantenerse unidos a Él; renunciar a la esclavitud de los intereses personales; asumir con valentía el rechazo de la sociedad a los valores del Reino de Dios.

Hoy día “¿Quién dice la gente que soy yo?”, significa preguntar ¿Qué dicen de Jesús los científicos que buscan dominar todos los secretos de la vida y transformar el mundo?; ¿Qué dicen de Jesús los economistas que miden el progreso en la producción de dinero?; ¿Qué dicen de Jesús los pragmáticos, que miran en menos las consideraciones éticas, ¿Qué dicen de Jesús los periodistas que manipulan información falseando la verdad?. ¿Qué dicen de Jesús los religiosos que han hecho de su vocación solo una rutina profesional o una institución burocrática?. ¿Qué dicen de Jesús lo políticos que usan una ideología para satisfacer intereses personales y ambiciones de poder?. Desde estos grupos de gente, Jesús nos hace esta pregunta medular, en forma personal:“¿Y ustedes quién dicen que soy yo?”. Respondiéndola, podemos hacer un diagnóstico de nuestra sociedad desorientada en busca de un sentido de vida más pleno, y podemos descubrir el sentido de nuestra misión como creyentes en el mundo de hoy.

Fr. Miguel Angel Ríos op.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Evangelio del Domingo

Estimados amigos y amigas: comparto la Buena Noticia de este domingo 06.09.2009. El evangelio de Mc 7,31-37. Es un texto intenso, lleno de fuerza, proclamado por Jesús a partir de una palabra: “¡ÁBRETE!”

En medio de muchos aspectos buenos, nuestra cultura también tiene sus defectos. Uno de ellos es la incomunicación. Es una de las enfermedades de nuestra sociedad actual, que ataca el alma, impidiéndonos la comunicación con nosotros mismos y con las demás personas.

Estamos en una situación parecida a la del sordo mudo del evangelio de hoy (Mc.7,31-37). Este enfermo estaba sumido en un silencio que le impedía oír y hablar. El aislamiento en el que se encontraba había deteriorado la calidad de su vida. En estas condiciones fue llevado ante Jesús. El Señor introdujo sus dedos en sus oídos, tocó con saliva su lengua, y mirando al cielo pronunció la palabra “effetá”, es decir “ábrete”. Esta palabra de Jesús, rompió el silencio que envolvía a este hombre, rehaciendo y cambiando su vida para siempre. Marcado por este hecho, el hombre no pudo callar la noticia y la comunicó a todos. Se transformó en un comunicador de la plenitud de vida que recibió de Jesús.

“¡Ábrete!”, es la palabra que el Señor nos dirige, para romper la incomunicación que nos aqueja en nuestra vida actual. ¿A qué estoy siendo sordo hoy?,¿En qué momentos me bloqueo sin poder decir, o sin querer decir lo que siento, lo que pienso y lo que quiero?. “Effetá” para nosotros se traduce en un ábrete al diálogo, al perdón, a la tolerancia, a la verdad y al amor, para dar un vuelco definitivo a las enemistades, prejuicios y rechazos. Se trata de abrirnos al diálogo y a la comunicación, con nuestros seres queridos, en nuestra comunidad, con los colegas de trabajo, con los vecinos del barrio. En el fondo se trata de un “ábrete” a recibir y comunicar vida, amor y paz, para hacer más humano nuestro convivir social.

Nada más actual y esperanzador, en medio de un modo de existir sordo y mudo a lo esencial que es la comunicación, entendida como la capacidad de expresar, percibir, acoger y sentir el querer más profundo de nuestra vida; aquel que le da sentido a nuestro ser, aquel que nos acerca al misterio de nuestra identidad, aquel que nos da sentido de pertenencia y nos impulsa hacia delante, optando por proyectar nuestra vida con los valores del amor y el diálogo, la comunión y la participación; y la apertura generosa, para acoger a todo aquel que practicando en su vida estos valores, alcanza la comunicación con Jesucristo el Señor.

Fr. Miguel Angel Ríos Op.

MUSICA DE FONDO