jueves, 26 de noviembre de 2009

Evangelio del domingo 29/11/2009

A propósito de la película 2012, se han desarrollado varios comentarios acerca del fin del mundo. Esto ya nos hace recordar lo acontecido por ciertas fechas anteriores: año 1000, año 2000. El milenarismo concebía precisamente que el fin del mundo acontecería en el año 1000. Esto suscitó en los oyentes cierta inquietud y preocupación.
Para nosotros los cristianos, hombres de fe y de esperanza lo importante es sabernos situar frente a estos acontecimientos que sólo infunden confusión y cierto temor. La pregunta fundamental es situarnos ante la predica de Jesús: ¿Qué intención tienen estas palabras? ¿Qué nos transmite este mensaje cargado de simbolismos?
Desde esta perspectiva les invito a escuchar lo que significa y nos interpela la venida del" Hijo del Hombre"

EL DÍA DE LA LIBERACIÓN.
El texto del evangelio de este Domingo (Lc. 21,25-28. 34-36), nos presenta a Jesús anunciando el día de la liberación. Jesús hace referencia al futuro último de la historia humana y lo describe como un momento en el que el templo de Jerusalén será destruido y se alterará el orden cósmico universal. Lo central del mensaje está contenido en las palabras de Jesús anunciando la inminencia del “día de la liberación”. Por eso el Señor exhorta a estar alerta, en oración, para no endurecer el corazón, ni dejarse llevar por los vicios e idolatrías de este mundo.
En el contexto de la preparación a la celebración de la Navidad que hoy iniciamos, este mensaje nos invita a vivir el Adviento como un tiempo de esperanza en la vida, como manifestación del amor de Dios. Por lo mismo, este pasaje evangélico, nos invita a no dejarnos llevar por la tentación de interpretar en clave de desastre o situación terminal, las distintas situaciones de crisis que a cada uno de nosotros nos toca vivir. Es precisamente en esas situaciones esclavizantes de mediocridad, violencia, corrupción e injusticia, que la presencia de Jesús adquiere un sentido liberador. Por eso, el día de la liberación anunciado por el Señor no necesariamente ha de ser el día del “juicio final” o el día en que nos muramos. Jesús está con nosotros cada día, para liberarnos de todas aquellas conductas, ansiedades, angustias, afanes de poder y mediocridades que esclavizan nuestro corazón y violentan nuestra convivencia humana.
La exhortación del Señor a no dejarnos aturdir por los vicios y las preocupaciones de la vida, nos recuerda, que su acción liberadora, exige por parte nuestra una disposición activa a la conversión, para percibir en medio de las dificultades humanas, los signos de su presencia, bendiciendo y dando plenitud a todo lo bueno que realizamos en la vida.
Fr. Miguel Angel Ríos op.

domingo, 15 de noviembre de 2009

CONVICCIONES CRISTIANAS

el abrazo

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33 Tiempo ordinario (B) Marcos 13, 24-32

JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 11/11/09.- Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el Día Final tan esperado, ¿qué podían pensar?

El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

Primera convicción. La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre». El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.

Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.

Cuarta convicción. Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Dar de lo que sobra o dar de corazón

32 Tiempo ordinario (B) Marcos 12, 38-44
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 04/11/09.- El contraste entre las dos escenas es total. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los escribas del templo. Su religión es falsa: la utilizan para buscar su propia gloria y explotar a los más débiles. No hay que admirarlos ni seguir su ejemplo. En la segunda, Jesús observa el gesto de una pobre viuda y llama a sus discípulos. De esta mujer pueden aprender algo que nunca les enseñarán los escribas: una fe total en Dios y una generosidad sin límites.

La crítica de Jesús a los escribas es dura. En vez de orientar al pueblo hacia Dios buscando su gloria, atraen la atención de la gente hacia sí mismos buscando su propio honor. Les gusta «pasearse con amplios ropajes» buscando saludos y reverencias de la gente. En la liturgia de las sinagogas y en los banquetes buscan «los asientos de honor» y «los primeros puestos ».

Pero hay algo que, sin duda, le duele a Jesús más que este comportamiento fatuo y pueril de ser contemplados, saludados y reverenciados. Mientras aparentan una piedad profunda en sus «largos rezos » en público, se aprovechan de su prestigio religioso para vivir a costa de las viudas, los seres más débiles e indefensos de Israel según la tradición bíblica.

Precisamente, una de estas viudas va a poner en evidencia la religión corrupta de estos dirigentes religiosos. Su gesto ha pasado desapercibido a todos, pero no a Jesús. La pobre mujer solo ha echado en el arca de las ofrendas dos pequeñas monedas, pero Jesús llama enseguida a sus discípulos pues difícilmente encontrarán en el ambiente del templo un corazón más religioso y más solidario con los necesitados.

Esta viuda no anda buscando honores ni prestigio alguno; actúa de manera callada y humilde. No piensa en explotar a nadie; al contrario, da todo lo que tiene porque otros lo pueden necesitar. Según Jesús, ha dado más que nadie, pues no da lo que le sobra, sino «todo lo que tiene para vivir».

No nos equivoquemos. Estas personas sencillas, pero de corazón grande y generoso, que saben amar sin reservas, son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Ellas son las que hacen el mundo más humano, las que creen de verdad en Dios, las que mantienen vivo el Espíritu de Jesús en medio de otras actitudes religiosas falsas e interesadas. De estas personas hemos de aprender a seguir a Jesús. Son las que más se le parecen. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MUSICA DE FONDO